Chary, el payaso de Cartagena






Chary, el payaso de Cartagena

 

¡Zzzzzzzzzzz! ¡zzzzzzzzzzz!... El timbre de la puerta anunció su visita. Todavía en el piso de aquellos años no teníamos el elegante y moderno ding dong que años después musicalizaría la entrada a nuestro nuevo hogar.  Ansioso corrí a abrir con la ilusión del niño de cinco años que yo era. Entonces fue cuando lo vi por primera vez, de frente, hierático, mirándome. Abrí los ojos, casi tanto como los suyos negros, totalmente embelesado con aquella figura que me escudriñaba en silencio. Cabello bermejo, redonda narizota de igual color y una inexpresiva mueca justo donde tal vez habitó una sonrisa. Componían su atuendo camiseta morada y pantalón ajedrezado beis y blanco. Las manos enguantadas de blanco, caídas sobre sus piernas. En su derecha sostenía una sencilla trompeta. Aún seguía yo ahí, mirando con sorpresa cuando ya llegaron mis padres y fue invitado a entrar.

Siempre he recordado aquel momento con cariño. ¡Cómo la fascinación…!, más bien el susto, me negó la palabra, don que con el tiempo habría de desarrollar con cierta profusión a decir de mis padres y hermanas.

Instalados en el salón, aquella figura del lienzo vino a ser desdoblada y comenzó una animada charla, de esas de mayores que, sin interés para mí, repiqueteaba como un murmullo lejano. Yo no terminaba de admirar a aquel extravagante personaje que entró en mi vida con un zumbido.

Con los años, lejos de desvanecerse, el recuerdo continuaba. Nada parecía cambiar en aquella mirada… Podía imaginar mil historias de cómo la vida de aquel payaso habría podido transcurrir hasta llegar a mi casa.

Llegué a descubrir que no todo el mundo mira a los payasos con los mismos ojos. Hay quien ve en ellos un algo que despierta animadversión, a menudo irracional e histérica. Muchos, sin embargo, intuimos el maquillaje como una máscara protectora de las cicatrices del alma. ¿Tendría nuestro pelirrojo amigo una historia que olvidar? Nunca lo sabremos.

Mudo, con la mirada fija, el payaso de Cartagena continúa, cincuenta años después, impertérrito decorando el rincón del salón de mi niñez, donde empezó a escudriñarme.


Ignacio Achútegui Conde

Logroño, julio de 2020

 

Imagen inferior: Payaso (1967).

Pintura original de Chary Cartagena.

Imagen superior: realizada con ChatGPT.


Payaso. 1967
Chary Cartagena







Comentarios

  1. Le ha hecho mucha ilusión saber que aún conservas con cariño su obra.

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    1. Hola, te supongo amigo o familia de Chary. Yo soy primo tercero suyo, eso creo. El cuadro lo adquirieron mis padres y siempre me ha fascinado. Me alegra saber que le ha llegado mi relato. Escribo de vez en cuando algo.Dale muchos recuerdos , los mio se remontan al día que trajo el cuadro y poco más: no hemos vuelto a coincidir.

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