Father and Son - Diálogos con el Gato 1

DIÁLOGOS CON EL GATO
Mis conversaciones imaginarias con las canciones de Cat Stevens

 

1. FATHER AND SON

—Hola, Gato.

—Ah, dime.

—¿Dónde andas?

—Aquí estoy. ¿Dónde iba a estar?

—¿Y la revolución?

—¿Qué revolución?

—La de aquel hijo que quería marcharse a cambiar el mundo y un padre que intentaba convencerlo de que se quedara.

—Ah, sí. Aquella revolución… ¿Y tú de qué lado estabas?

—Del hijo, naturalmente.

—¿Naturalmente?

—Quería cambiar el mundo. Como tantos jóvenes.

—¿Andas diciendo que lo cambiaste?

—No sé si cambié mucho el mundo. Pero yo sí he cambiado. Ahora entiendo al padre.

—¿Te has hecho conservador?

—No, claro que no. Sigo pensando que hay muchas cosas que enmendar. Lo que he aprendido es que transformar la realidad es más difícil de lo que imaginaba. Y que tener razón en algo no significa saber qué hacer con ello.

—¿Y eso le da la razón al padre?

—No he dicho eso.

—Ya.

—Antes me ponía en el lugar del hijo y pensaba que el padre no lo comprendía. Ahora me pregunto si yo llegaba a comprender al mío.

—¿Andas viendo ahora algo que antes no veías?

—El miedo, quizá. El miedo de un padre a que su hijo se equivoque, a que tome caminos de los que luego sea difícil salir.

—Un padre quiere ahorrarle a su hijo los golpes que él ya se ha llevado.

—Claro. Pero no puedes evitarle todas las caídas. Al final, es él quien tiene que decidir.

—Ya. Una cosa es dejarlos decidir y otra verlos marcharse convencido de que se equivocan.

—No es nada fácil.

—Claro que no. ¿Y qué esperas de un hijo?

—Sí, que sea feliz, que encuentre su camino y que aprenda a tomar sus propias decisiones, aunque no sean las que yo tomaría.

—¿Y cuándo se equivoca?

—Intentas ayudar. A veces hablando demasiado. Hasta que comprendes que hay momentos en los que tienes que callarte, aunque te mueras de ganas de advertirle otra vez.

—¿Y el padre de la canción sabe callarse?

—No parece. Le dice al hijo que tenga paciencia, que todavía es joven, que tiene mucho que aprender.

—¿Y tú, te callas?

—A veces.

—¿Y las otras?

—Las otras, probablemente hablo demasiado, sí. Por eso entiendo mejor a ese padre. No solo quiere convencerlo de que se quede. Tiene miedo de perderlo, de que sufra, de no poder ayudarlo cuando lo necesite.

—Parece que los dos necesitan algo parecido.

—Sí, que el otro los escuche sin intentar convertirlos en alguien distinto. Que un hijo pueda marcharse sin que su padre sienta que lo abandona. Y así pueden pasarse la vida hablando sin escucharse de verdad.

—¿Y qué crees?

—Que puedo comprender al padre sin dejar de ser el hijo que fui. Sigo pensando que hay muchas cosas que cambiar. Sigo siendo aquel joven que quería cambiar el mundo. No reniego de él.

—Muy bonito. Pero en la canción el hijo no se queda a debatir. Se da la vuelta y se va.

—Lo sé. Esa es la parte que más duele.

—¿Te duele que se vaya o te duele que no pudieras convencerlo de que tenías razón? Porque el padre de la canción también le dice: «Mírame, soy viejo y soy feliz». Como si la vejez fuera un argumento infalible.

—No. La edad no te da la razón. Te da experiencia, que no es lo mismo.

—¿Y qué haces con esa experiencia?

—Intentas que le sirva a los demás. Pero no puedes obligar a nadie a aprovecharla.

—Entonces, ¿qué has ganado con los años?

—Quizá la capacidad de hacerme preguntas que antes no me hacía.

—¿Por ejemplo?

—Si yo también habré confundido alguna vez mi miedo con la razón. Si, por querer evitarles un error, habré dejado de escuchar lo que de verdad necesitaban decirme.

—¿Y qué me dices de tu padre?

—¿Mi padre?

—Sí, el tuyo. Llevamos todo este tiempo hablando de padres e hijos, de lo que tú has aprendido siendo padre. Pero tú también fuiste hijo.

—Obvio.

—No parece que te guste mucho hablar de ello.

—No es eso. Es que una cosa es hablar del padre de una canción y otra pensar en el tuyo.

—¿Por qué?

—Porque el de la canción es un personaje. Mi padre, pues… es mi padre.

—Vaya. Al final resulta que tampoco tienes tantas respuestas.

—¿Quién te ha dicho que las tuviera?

—La manera en que hablabas al principio.

—Al principio creía que había cambiado de opinión. Ahora creo que he cambiado de perspectiva.

—¿Y cuál es la diferencia?

—Que puedo entender sus miedos sin darle siempre la razón. Y puedo seguir queriendo cambiar el mundo sin creer que ya sé cómo hacerlo.

—Vaya. Ya estamos otra vez con la revolución.

—Pues sí. ¿Qué quieres que haga? No se me ha pasado. Estoy del lado de que cada cual pueda vivir su vida sin que otro se la imponga. Eso vale para un hijo frente a su padre, pero también para las personas y los pueblos. Y no siempre se trata de elegir entre dos caminos que ya existen. Hay que preguntarse quién los ha trazado y por qué. Y, a veces, abrir otros nuevos.

—Vaya. Al final va a resultar que todavía tienes algo de aquel joven rebelde.

—Lo que sí he aprendido es que cambiar las cosas no te exime de mirarte a ti mismo. Puedes querer un mundo más justo y ser injusto con quien tienes al lado. Puedes defender la libertad y no soportar que alguien cercano decida de otra manera. Puedes criticar a quien manda y luego pretender mandar tú en tu casa.

—¿Y te ha pasado?

—¿Qué clase de pregunta es esa?

—Una pregunta muy sencilla.

—Pues no sé si voy a contestarte.

—Eso también es una respuesta.

—Supongo que alguna vez habré confundido mi miedo con la razón. O habré creído que sabía lo que era mejor para alguien sin escuchar lo suficiente.

—¿Y puedes hacer algo con eso?

—No siempre. No puedes volver atrás y hacer la pregunta que no hiciste, ni escuchar la respuesta que no supiste escuchar.

—¿Demasiado tarde?

—Demasiado tarde.

—Eso no suena muy esperanzador.

—La esperanza no consiste en poder volver atrás. Consiste en que todavía podemos hacer algo distinto.

—Ya veo. No has cambiado tanto.

—Bueno, Gato, por hoy lo dejamos aquí. Ah, y se me olvidaba: he traducido y adaptado tu canción. Espero que te guste.

 

FATHER AND SON
Padre e hijo
Cat Stevens

Traducción-adaptación:
Ignacio Achútegui Conde 
 
[PADRE]
No es momento de cambiar,
Tranquilo, ten calma.
Aún eres joven, ese es tu pecado.
Tienes mucho que aprender.
Encuentra una chica, sienta la cabeza,
si quieres puedes casarte.
Mírame, ya soy viejo, pero feliz.

Yo era como tú y sé que no es fácil
ser prudente cuando persigues utopías.
Pero tómate tu tiempo, piensa un poco.
Piensa en todo lo que tienes,
porque mañana seguirás aquí,
pero puede que tus sueños ya no.
 
[HIJO]
Cómo puedo explicarle,
lo intento y siempre me da la espalda.
Siempre igual, siempre el mismo cuento.
Desde que aprendí a hablar,
me ordenaron escuchar.
Es mi turno y sé que me tengo que marchar.
Yo sé que me tengo que ir.
 
[PADRE]
No es momento de cambios,
siéntate, ve despacio.
Aún eres joven, ese es tu pecado.
Tienes mucho que vivir.
Encuentra a una chica, forma un hogar,
cásate.
Mírame, yo soy viejo, pero soy feliz.
 
[HIJO]
Todas las veces que lloré
y todo me lo tragué.
Es duro; ignorarlo, aún más.
Si tuvieran razón, lo aceptaría;
pero solo se conocen a sí mismos, no a mí.
Es mi camino, necesito seguirlo.
Yo sé que me tengo que ir.
 
 
ESCUCHAR LA CANCIÓN
 
LA CANCIÓN
  • Título: Father and Son
  • Autor e intérprete: Cat Stevens
  • Álbum: Tea for the Tillerman
  • Año: 1970
  • Origen: La canción fue escrita en 1969 para Revolussia, una ópera rock que quedó inconclusa.
 
I. A. C.
Imagen: ChatGPT
25 de octubre de 2026
 
 
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