La espada bendecida
El acero es el mismo,
el filo el mismo,
la sangre la misma.
Quien pronunció unas palabras
sobre la hoja
hizo que el hombre
dejara de saberse asesino.
Dios,
su Dios,
está de su parte.
El filo de la espada,
una orden
y una absolución...
Otra orilla.
Otro hombre.
Otra espada.
¿Otro rezo...?
Si Dios estaba
entre aquellos hombres,
tuvo que elegir.
¿O quizá no?
Quizá
ni siquiera Dios
estaba presente.
Bastan unas santas palabras
para que la sangre,
sin mirarse a los ojos,
deje de pesar.
Texto: I. A. C.
Imagen: Meta AI
7 de octubre de 2026
I. La espada bendecida
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