Amén


Ábrase la noche
al repique de la aldaba,
que el aire tiemble
atravesando el umbral
de tu nombre silenciado.
Ya tu firme paso
camina a acogerse a sagrado.

Con sal en la lengua
y sangre en los ojos,
¡oh, mismo demonio!,
yo te invoco.
Ven, camina,
cruza las lindes del sueño,
haz de mi cuerpo tu altar
y de mi alma, ceniza.
Arráncame la piel
y torna en juramento el verso
por pensar tu cuerpo
cabalgando
en la danza del incienso.

Tú que reinas en mis abismos,
otorgas y callas.
En tu nombre, así me pierdo,
por tu nombre, así me entrego,
y de las sombras brota mi fuego
que a tu fuego quema
volviéndolo sombra.

Mientras, agónico, grita el silencio:
oración que nadie enseña.

Ahora y en la hora.
Amén.


Texto: I. A. C.
3 de enero de 2026
Imagen: Meta AI

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