Un día de lluvia... Versión microrrelato
Cuando colgué el teléfono tuve la certeza de que jamás volvería a saber nada de ella. Se había casado y ya tenía un hijo. Había transcurrido un tiempo desde que un espléndido sol alumbrara su sentimiento de culpa. En su presurosa huida abandonó una fragante estela sobre mi cama; ronroneos y melosos gemidos embriagaban mi mente sumida en el sueño más placentero y relajante. Sus manos firmes habían apretado mi cuerpo contra las curvas de sus caderas, cobijo de su esencia femenina, y labrado surcos de placer en mi espalda. Habíamos recorrido viejas y solitarias callejuelas, entre luces y sombras, en una divertida carrera bajo la lluvia. Me había aceptado un café bien caliente: apenas un alivio para aquella carita pálida enmarcada por dorados rizos que, embebidos de toda el agua del cielo, pesaban cual pecado original. Aún recuerdo con nostalgia el instante en que la conocí: aquel día de julio, de un verano notablemente seco, el cielo ha...