Epifanía
Acudo,
y traigo conmigo
el clamor del silencio
sellado en los labios
y una fe antigua en la mirada
Me he despojado de los miedos,
y permito que tus dedos, serenos,
hablen el idioma enamorado:
santas palabras.
Tacto que palpa oquedades
donde el tiempo aprendió su espera.
Caverna que acoge,
altar dispuesto,
vientre que se entrega.
Si maldije, no lo recuerdo.
Si gemí, fue por callar tu nombre.
Enjuagaré con mi sudor tus ojos,
y con mis besos refrescaré tu boca.
Y al fin, entre ritos de fuego y ambrosía,
la noche morirá,
sin axiomas ni dogmas,
al filo del alba.
Es justo y necesario.
Texto: I. A. C.
Imagen : Meta AI
8 de enero de 2026
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