El tránsito del silencio: IV. Éxtasis


Cuando el silencio no es ausencia,
sino aliento y misterio:
no absuelve ni condena,
sino tiembla;
el cuerpo no es obstáculo
y el deseo no corrompe,
sino revela:
la carne no distrae del misterio,
lo pronuncia.

Éxtasis pleno
que no promete salvación
ni teme pena, porque los gestos son,
en verdad:
sacramento,
liturgia,
conocimiento.

Sin fe ciega,
sin moral que separa
y con el silencio del alma,
nuestros yoes
se diluyen
en los cuerpos uncidos:
placer y revelación
de la culpa ausente,
pulsión de vida,
cálida fuente.

Cuando late el cuerpo,
escribe
con el espíritu abierto,
y la certeza de haber estado allí;
donde se anticipa la ausencia,
el misterio se encarna,
quiebran las formas
y las sombras se desvanecen,
en el pulso del deseo
y del alma viva. 

I. A. C.
Imagen: ChatGpt

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