viernes, 21 de agosto de 2015

Epílogo de "El secreto de Layla"



OBRA REGISTRADA:
Fecha: 18/08/15
Nº de registro: LO-165/2015
Registro Territorial de la Propiedad Intelectual de La Rioja
© Texto y fotografía: Ignacio Achútegui Conde (Nacho)
Titular de los derechos: el autor




EPÍLOGO

Las referencias a las costumbres machistas y la falta de democracia en Marruecos en particular, y en el resto del mundo árabe en general, han formado parte de más de una conversación con el verdadero Najjar, en las que yo siempre he defendido como algo necesario la modernización de su país, a lo que él me ha aportado sus apreciaciones, ciertamente cabales.

La llamada Primavera Árabe debía haber desembocado en frescas lluvias torrenciales que hubiesen barrido la injusticia y la sinrazón en esos países, sin embargo ha quedado en muchos casos en un orgasmo de sangre, y en otros en un chirimiri que apenas ha limpiado nada.

«Milana bonita» hace referencia a dos asuntos relacionados entre sí:

Por un lado es la frase repetida por el retrasado Azarías en la novela de Miguel Delibes «Los santos inocentes» y de la que Mario Camus hizo una excelente película en 1984.  Delibes retrata una sociedad extremadamente caciquil, y el alto grado de sumisión y resignación con que los siervos atendían a sus señores en la España profunda del siglo pasado.

En segundo lugar, a raíz de la película, un compañero de activismo social, llenó nuestra ciudad con pintadas que decían así: «milana bonita». El propio Mario Camus manifestó su sorpresa en una visita al encontrarlas por doquier. «Milana bonita» ha quedado en el recuerdo colectivo de aquellos que en los años ochenta participábamos activamente en movimientos sociales de distinta índole como un necesario grito de rebeldía.

La finalización de la tercera parte ha coincidido con los sucesos terroristas de Paris, el atentado contra Charlie Hebdo y el supermercado judío. Como bien expresa Layla en la Cueva de la Milana, y por ende este autor, un nuevo rumbo deben tomar las relaciones entre las personas y su religión, entre las personas y sus gobernantes y entre las diferentes culturas y naciones. No puede ser mantener la incultura y la superstición al servicio de intereses impuros para el sostenimiento de la injusticia y miseria en que vive una gran parte de la humanidad. Mucho menos recurrir al terrorismo, insurgente o de estado, para aniquilar la diferencia.

Recordemos…: ¡Milana Bonita!

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