Desnudos
La luz de tus ojos
se me antojaría tangible,
mesurable,
si no fuera por la fugacidad
de tu mirada.
Tus pechos,
veraces y pequeños,
permiten ser amasados
como arcilla sudada
entre los toscos dedos
de quien esto escribe.
Y siento,
entre la eternidad
que transcurre
de tus ojos a tus pechos,
el vivo placer de saberme
tocado por la mano de dios,
tal vez del diablo,
en la generosidad que emanas.
La avidez original
se vuelve sigilosa ternura
y acaricia tus caderas
con la consciencia
de quien ya conoció sus secretos.
Tu cuerpo,
bello y desnudo,
sinuoso hábitat
de pensamientos impuros,
se ofrece lujurioso
en pleno rito de búsqueda
de mi propia lujuria
vestida de desnudez.
Y a fe,
¡vive dios!,
tal vez el diablo,
que ambas desnudeces
se unen en la comunión
de nuestros corazones
que se acompasan
con precisión
"mojándolo todo",
como cantaba Aute.
a M. R.
I. A. C.
14 de abril de 2024
Comentarios
Publicar un comentario